ARGENTINA, HECHA PELOTA

 

 

 

 

El nuevo editorial de Alfredo Leuco para “Le doy mi Palabra”.

A esta altura no me interesa hablar de fútbol. La locura del River y Boca no es más que la explosión en vivo y en directo, de los peores disvalores que se instalaron en la Argentina en los últimos años.

El no partido solo fue una vidriera irrespetuosa del cambalache en el que se ha convertido la Argentina. Todos vimos llorar la biblia contra un calefón.

Hoy más que nunca el himno nacional de este momento histórico es un tango que nos retrata el alma y nos perfora el corazón porque: “Es lo mismo el que trabaja/Noche y día como un buey/ Que el que vive de los otros/Que el que mata o el que cura/O está fuera de la ley”.

Es la puesta en acto de lo que proponen culturalmente los liderazgos más tóxicos de la Argentina barra brava. Héctor Godoy (a) “Caverna” es un mafioso pesado que maneja “los Borrachos del Tablón” hace casi diez años.

Es hincha de la banda, no de la roja, de la banda de delincuentes que lidera. Era changarín y ahora es millonario en todo el sentido de la palabra. Lo agarraron con las manos en la masa.

Con diez millones de pesos y 300 entradas que se cotizaban a precio de oro en la reventa. Y sin embargo está libre. Insisto: en el mismo lodo, todos manoseaos.

Los salvajes que atacaron el micro de Boca sabían lo que hacían. Se agruparon todos juntos en un solo lugar bien estratégico y casi desprotegido. Le fueron a pasar la factura a las autoridades de la Ciudad porque cometieron el “pecado” de combatir al delito de estos verdaderos hombres de las cavernas.

Tiraron piedras, botellazos, podrían haber producido una tragedia porque el chofer del colectivo se desvaneció y tuvo que seguir al volante el vicepresidente de River. Los vándalos planificaron desmanes por todos lados para agredir a la policía. Una verdadera batalla campal.

Rapiñaron entradas a las trompadas. Destruyeron un auto a pedradas y después lo vaciaron. Con gran esfuerzo fueron detenidos 56 patoteros que no merecen vivir en esta sociedad que pretendemos civilizada. ¿Qué pasó con ellos? Lo mismo que con los cavernícolas millonarios de Godoy.

Ya están todos libres. Y caminan por la calle al lado de la inmensa mayoría de los argentinos honrados. Otra vez Discépolo tenía razón: los inmorales nos han igualado. A esta altura el rol nefasto y zafaroniano de un sector de los jueces nos hace la vida cotidiana y el futuro imposible.

Hay una vocación brutal y antidemocrática por favorecer a los delincuentes. La señal que envían a la sociedad es terrible: impunidad. Los delincuentes de todo tipo saben que nunca hubo tantos jueces y fiscales dispuestos a liberarlos por ideología, por miedo o por plata.

El presidente Macri anunció hoy que van a enviar a sesiones extraordinarias una ley para que los jueces y fiscales no tengan más ninguna excusa para actuar con contundencia.

Es para ayudar a terminar con la violencia en las canchas. Sus salvajadas, dejan de tipificarse como “suaves” contravenciones y se convierten en delitos penales que deben ser duramente castigados.

Para que no entren por una puerta llevados por la policía y salgan por la otra, acompañados por sus carísimos abogados que aprovechan al máximo hasta el mínimo vestigio que deja la fría letra escrita.

Miguel Angel Pichetto dijo que las fuerzas policiales no pueden reprimir como en Francia, por ejemplo, porque la visión cultural de las izquierdas hizo que todo lo que hagan las fuerzas de seguridad se ponga bajo sospecha. Tiene razón Pichetto.

Solo le agregaría que ese sistema de ideas nefastas se fortaleció y se expandió durante el gobierno de Cristina a la que en su momento, Pichetto apoyó verticalmente y ahora critica racionalmente, pero sigue protegiendo con la negativa a quitarle los fueros parlamentarios.

Si no hay premios a los honestos y castigos a los pistoleros, se fomenta lo peor de la sociedad. Eso envalentona a los y a las hijas de puta que no dudan en utilizar hasta sus propios hijos para cometer delitos.

Esa señora que envolvió a su hijito con un cinturón de bengalas no merece otro calificativo: Mala madre. Merece la cárcel y que las autoridades de defensa de la niñez trabajen para quitarle la tenencia de su hija que podría haber muerta, prendida fuego, como una antorcha humana con solo una chispita.

Mucha gente tiene la sensación de que estamos en manos de los mafiosos y malandras. Que durante más de 12 años de kirchnerismo se multiplicaron las peores actitudes. Se fomentó el piquete todos los días y en todo lugar.

Lo único que vale es la autoridad del que ocupa con violencia la calle. Y ojo con aplicarle la fuerza de la ley porque el aparato mediático de Cristina enseguida denunciará una feroz represión de las fuerzas policiales de la derecha macrista.

Tomas de tierra que se convierten en tierra de nadie y donde la ley de la selva es lo que aparece antes de que muera gente humilde asesinada.

Ladrones de estado descomunales como Cristina, De Vido y el resto de gran parte de su gabinete y sus empresarios socios y amigos que todavía dicen que son inocentes y que las cientos de pruebas son inventos de los medios. Y uno de cada tres argentinos que está dispuesto a creer esas mentiras.

Se hicieron millonarios con los dineros del pueblo y encima parte de ese pueblo los considera sus salvadores. ¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón!

Algo muy grave nos está pasando. Cristina, en su momento, elogió a los barras bravas como si fueran carmelitas descalzas. Después demagógica como nunca o como siempre, les dijo a los chicos del secundario que tomaban los colegios que no tenían nada que aprender de sus docentes.

El mayor amigo y embajador político del Papa, Juan Grabois le hace de guarda espalda ideológico a la ex presidenta cuando tiene que rendir cuentas en tribunales por la colosal fortuna que robó y dice que quiere que ella vuelva pero sin los corruptos. Un oxímoron porque la jefa de los corruptos es ella. Pero el gerente de coimas y afines, don Julio le dice a Grabois que es un ortiva y un vigilante.

El Papa recibe y abraza a Pablo Moyano como si fuera un científico pacifista y honrado. Le envía rosarios a muchos delincuentes como Milagro Sala y abrazos y cartas a Hebe de Bonafini que dice: “Esta a carta de Francisco me autoriza a decir que Macri y su runfla son unos reverendos hijos de mil putas”.

Y siga la joda. Los que respetan la ley y las normas son caracterizados de boludos. Y los violentos, los ladrones y los que delinquen son mirados como transgresores innovadores y piolas.

Muchos compatriotas admiran ciegamente al Indio Solari o a Maradona. Uno dice que el lujo es vulgaridad pero tiene un departamento en Nueva York, se moviliza en 4×4, viaja en aviones privados con valijas llenas de dólares, vive en el lujo de Parque Leloir con Hugo Moyano como vecino y ni se inmuta cuando sus fanáticos, muchachos muy humildes, mueren en sus recitales.

El otro, otrora el mejor futbolista del mundo dice que Argentina es un desastroso volcán y que nos merecemos esto por haber votado a Macri. Sin embargo, Diego admira a Chávez y Fidel, emblemas de países donde hay mucho más hambre que democracia. Encima, Maradona produce pena porque no puede ni siquiera decir diez palabras seguidas sin que sus neuronas castigadas por tanto descontrol, le pongan freno a su lenguaje.

¿Son Cristina, Maradona, el Indio Solari, Juan Grabois, Hebe los conductores y referentes que esta sociedad necesita para salir del abismo ético y cultural en donde nos arrojaron?

¿Es cierto que el que no afana es un gil? La semana pasada hablamos de All Boys y Luis D’Elía, ese concubinato mercenario para el mal. Es un grupito que suele apelar a Hitler para sus cantitos nazis contra Atlanta en las tribunas, fue funcional al fascismo tanto de izquierda como de derecha.

Luis D’Elía los contrató por unos “manguetes” para dos actos: uno a favor de Palestina y otro para apoyar a Nicolás Maduro. En ese momento les pagó 25 mil pesos. El mismo lo confesó en una escucha telefónica.

Tal vez por eso y para evitar que vayan a la cárcel, los sectores más fanáticos de Cristina y Hugo Moyano, están apostando a llevar todos los conflictos al extremo para serrucharle el piso a Macri y empujarlo a que se vaya en helicóptero por los techos de la casa rosada. Son el violento kirchnerismo chavista que se cree dueño de la patria.

Hay mucha agresividad y hostilidad en el asfalto y el barro de nuestra bendita argentina. Hay mucha grieta, mucho odio que explota por cualquier lado. Se nota que a los K les encanta potenciar los conflictos y las agresiones. Y eso, les llaman aguante o resistencia política. Son ellos los que consolidaron este país barra brava. Son ellos los que dejaron una Argentina hecha pelota.

 

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