VIVIR ENTRE PARÉNTESIS

 

 

 

 

 

 

Gente irritable o haciendo tiempo en un paréntesis hasta que aclare. ¿Cuánto tiempo se puede vivir así?

¿Cuánto tiempo se puede vivir entre paréntesis? La pregunta de Jean Paul Sartre vuelve cada tanto a buscar respuestas. Ocurre cuando uno se encierra dentro de esos signos de puntuación (que separan lo importante de lo complementario) mientras la tormenta transcurre afuera, sin remedio. Allí se refugian desde padres que esperan volver a conectarse con sus hijos adolescentes cuando les baje el caudal de fuego en sangre, hasta ahorristas de bolsillos curtidos en crisis económicas que imponen el “wait and see” ante la incertidumbre. ¿Pero cuánto se puede estirar el espacio entre ese par de signos? Mucho, si se recuerda un reciente estudio que afirma que la adolescencia puede llegar ahora hasta los 24 años. Y mucho más si se vive en la Argentina, un país donde todo parece que está en pausa. Por ejemplo ese es el estado en que quedan durante años los casos de corrupción, o la muerte del fiscal Alberto Nisman, que se acerca a los cuatro años sin culpables.

En Mar del Plata, por otro lado, confirmaron ayer que los alquileres para el verano serán como mínimo 25% más caros. ¿Puede una familia empezar a hacer cuentas para ver cuánto costarán las vacaciones? Difícil, hay que esperar, porque ese “mínimo” no acerca ninguna certeza (¿cuál es el promedio? ¿y el máximo?). Más bien esa “confirmación” aporta incertidumbre (o más pétalos en la margarita que no se termina nunca de deshojar, según la metáfora de Mario Vargas Llosa). Ni hablar de planificar vacaciones afuera porque con el dólar nunca se sabe… Lo que sí se supo ayer es que el desempleo subió al 9,6% y hay 1.850.000 desocupados, por lo cual es mejor quedarse en el “refugio” del paréntesis, si es que aún lo tenemos.

Llega octubre y hay otra margarita para deshojar: ¿educación pública o privada? En muchos hogares hay que decidir ya dónde anotar a los chicos el año que viene. ¿Alcanzará la plata para la privada? ¿Será 2019 otro año récord de paros en escuelas y universidades públicas?

Cuatro ejemplos que ilustran un verdadero día de furia para esquivar: 1) Una grúa del Gobierno porteño fue filmada mientras acarreaba una camioneta en Arenales al 300 y terminó chocando contra un Toyota que estaba estacionado. “Dale, rompe, dale rompé, que no es tuyo”, le gritaban los vecinos al chofer, que no interrumpió la maniobra hasta dejar el auto roto. 2) En otro video se ve a un hombre que decidió subirse a una grúa para recuperar su moto que se la estaban por llevar. “Si la vas a llevar, la vas a llevar conmigo arriba”, le gritó al chofer. 3) En Tucumán al 3100 un taxista que obstruía una ciclovía agredió a una ciclista que lo escrachó en un video. La empujó y le lanzó un escupitajo. “Son de terror las mujeres”, le dijo alterado. 4) En la General Paz, otro hombre se trepó al capot de un vehículo para increpar a un conductor que lo había chocado.

Gente acelerada, irritable o haciendo tiempo en un paréntesis hasta que pase la tormenta. ¿Cuánto tiempo se puede vivir así? ¿Cuántas generaciones de argentinos vivieron así? Tal vez, ser argentino sea vivir entre paréntesis.

De la editora al lector/ Diario Clarín

 

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