¿SE HUNDE EL CORCHO?

El nuevo editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi palabra.

 

 

 

 

Jorge Rodríguez (a) “El Corcho” denunció al fiscal Federico Delgado por “abuso de autoridad y violación de sus deberes” y pidió que se lo aparte de la investigación. En sus argumentos, asegura que Delgado demostró “una conducta absolutamente maliciosa y enemistad manifiesta”.

El fiscal Federico Delgado había a fondo en el tema Odebrecht, la empresa más corrupta del mundo. Después de cruzar datos sobre reuniones, pagos y vuelos de todos los involucrados, aseguró que “quisieron disfrazar delitos como simples actos de comercio”.

El minucioso dictamen que reconstruye paso a paso la ruta de las coimas aporta información precisa que complica mucho la situación de Jorge Rodríguez (a) “El Corcho”.

Aparece muy involucrada la empresa Sabrimol Traiding que la Oficina Anticorrupción denunció como propiedad del Corcho aunque este lo desmintió. Rodríguez tiene prohibida la salida del país y se pidió la inhibición de sus bienes en Uruguay.

Pero fue un capo de Odebrecht, Luis Antonio Mamani, quien bajo el régimen de delación premiada, hundió al Corcho cuando dijo ante la justicia que efectivamente Sabrimol era el instrumento para canalizar el dinero sucio de la corrupción.

El corcho es un tejido vegetal que, por lo general, se saca de la corteza del árbol llamado alcornoque. En el lenguaje cotidiano, corcho, se utiliza como sinónimo de alguien oportunista que se mantiene a flote a pesar de las tormentas y los cambios. Corcho es alguien que siempre cae bien parado. Que no se hunde. Y también sirve como sinónimo de tapón. El corcho es el que tapa, el que no permite que salga algo: un líquido o alguna verdad.

Corcho es el apodo histórico de Jorge Rodríguez, un muchacho seductor y astuto que supo abrirse camino en el mundo de los negocios, la política y el espectáculo.

Se hizo famoso con la sociedad que armó con Rodolfo Galimberti, uno de los líderes de Montoneros. Ambos eran amigos de Jorge Born, el empresario multimillonario que fue secuestrado por esa organización guerrillera y que recién pudo recuperar la libertad a cambio de un suculento rescate de 60 millones de dólares que los soldados de Mario Firmenich depositaron a buen resguardo en la Cuba de Fidel Castro.

Su empresa Hard Communication hizo un negocio monumental con Susana Giménez, a quien luego enamoró y el padre Julio César Grassi, a quien luego estafó, según denunció el sacerdote en su momento. Todo giraba alrededor de un juego que la diva de los teléfonos ejecutaba con simpatía en su exitoso programa de televisión. Entre el Corcho y Grassi creo que la única perjudicada fue Susana.

 

Así irrumpió el Corcho en la vida mediática. Con Galimberti, Susana y el padre Grassi. Lo hizo con camperas de cuero negras, anillo de calavera, la barba prolijamente descuidada y a bordo de motos de alta gama. Por ese lado y por el rock se vinculó con Norberto Napolitano, más conocido como Pappo. De hecho el Corcho tiene en su poder la moto que piloteaba en Carpo el día que se mató en la ruta.

 

La fortuna y las relaciones del Corcho fueron creciendo geométricamente con la instalación del kirchnerismo en el poder. Se convirtió en un hombre de gran relación con Julio de Vido, parte de su familia y de su gabinete.

 

Con Facundo, el hijo cool del cajero de los Kirchner, el vínculo vino porque la productora del Corcho llamada Nelly Entreteinment le hizo grabar dos discos a Facu de Vido que pasaron con más pena que gloria en el mundo de la música. Se sospecha que amaba la guita pero que era más guitarrero que guitarrista. Al parecer, después de chocar con la pared del fracaso y la indiferencia, Facundo de Vido pasó a ser socio o empleado de esa empresa.

 

La relación del Corcho con don Julio, el jefe de la banda, hizo que el actual esposo de la simpática y eficiente conductora de televisión Verónica Lozano, tenga que dar explicaciones ante los medios y ante la justicia.

 

Por ahora públicamente el Corcho confesó que trabajó cuatro años como consultor para Odebrecht en la Argentina y que tenía su oficina al lado, en el piso 33 de la Torre Alem de frente al río.

 

En los expedientes ya hay funcionarios que cuentan que el Corcho entraba al ministerio de Julio de Vido como pancho por su casa. Se reunía con José López para arreglar diversas cuestiones y es notable que el campeón mundial de lanzamiento de bolsos con 9 millones de dólares, en un momento de zozobra haya escrito un mensaje en su teléfono, que apelaba al contacto del Corcho. Dicen que estacionaba su auto en la playa privada del ministerio y que su empresa de helicópteros fue utilizada intensivamente tanto por la empresa Odebrecht como por la cartera de Julio de Vido.

 

En el caso Odebrecht, el Corcho viajó con los dos funcionarios más altos de la empresa acusada por el Lava Jato. Uno se llama curiosamente Bento pero con “b”, larga. Hablo de Flavio Bento Farías, uno de los encargados de pagar las coimas. En las planillas de pagos aparecían los apodos de los que recibían ese dinero sucio e ilegal. Uno que cobró un millón de dólares es apodado “Duvidoso”, que significa dudoso, y suena parecido a De Vido, alguien que también es duvidoso.

 

En el caso del ministerio, la operatoria era tan trucha como la mayoría de las contrataciones que hacía el cártel de De Vido. Usaban los helicópteros de la empresa Helicorp de Rodríguez pero la cuenta la pagaba la Fundación de la Universidad Tecnológica Nacional de La Plata. Carlos López, su titular ante las cámaras de televisión no supo explicar porque una fundación universitaria tenía que pagar de su tesorería los vuelos que hacía el ministro. Por lo menos uno de ellos salió desde la Isla Demarchi hasta la chacra berlusconiana que De Vido tiene cerca de Zárate. Insólito. Incomprensible. El 15 de octubre de 2013 hasta el mismísimo Lula fue pasajero de uno de esos helicópteros. Lo trasladaron hasta La Matanza para participar del Congreso de Responsabilidad Social que organizó, otra vez, Lali Miniccelli y en que además de Lula fue figura Bernardo Kilksberg, un contratado vip casi permanente de las actividades de la Fundación de la esposa de Julio de Vido. Hoy Don Julio y gran parte de su estado mayor están presos. Hasta su cuñado está detenido. Martin Insaurralde, el intendente de Lomas de Zamora, también figura entre los usuarios de la empresa aérea del Corcho que corre en moto y vuela en helicóptero. Ya se sabe las virtudes compartidas de los kirchneristas: el que no corre, vuela.

 

Siempre es difícil explicar lo inexplicable de esa triangulación para evitar los controles que De Vido inventó para darle plata por izquierda a mucha gente de negocios extraños y televisivos como Andrea del Boca o su propia esposa Alessandra Minnicelli. Otro pasajero frecuente que sumaba millas en las aeronaves del Corcho es Juan Patricio Mussi, el joven intendente de Berazategui al que Cristina le tenía reservados lugares importantes dentro del Frente para la Valija.

 

El concubinato entre el Corcho y de Vido está muy claro. Se transforma en un triángulo amoroso con Odebrecht. Y como la empresa facturó con sobreprecios de mil millones de dólares ahora está todo bajo la lupa de la sospecha y de la justicia.

 

Se podría decir que el Corcho es un peronista fashion. Tiene colgadas en la pared de su oficina una foto del Che Guevara jugando al golf, deporte que Hugo Chávez quiso prohibir por burgués y un retrato de Cristina dedicado de su puño y letra. Jorge el Corcho Rodriguez, vive lujosamente entre San Isidro y Punta del Este. Tiene espectaculares oficinas en Vicente López y Catalinas. El Corcho flota entre la mugre de la corrupción y el glamour del espectáculo. Muchos quieren hundirlo pero el Corcho todavía sigue flotando. La justicia encontró en el fiscal Delgado y en la Oficina Anticorrupción un sacacorchos que destape la verdad. Para ahora y para siempre.

 

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