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LA POBREZA Y EL HAMBRE DE MILLONES TIENEN RESPONSABLES

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La pasada semana, en el programa “Los Leuco” por la señal TN, el pensador Santiago Kovadloff, pensador es aquel que ayuda a pensar, estableció, con mejores palabras que éstas que las recuerdan, un antagonismo de difícil resolución entre la urgencia por resolver el drama de la pobreza y el hambre en la Argentina y el tiempo que semejante tarea requiere. El dolor que llevan implícitos las dos plagas bíblicas que castigan al país, requiere una solución inmediata. Concretarla, expresó Kovadloff requiere “tiempo no exento de incertidumbre”. Todo sonó como si, ante una casa incendiada, los bomberos tuvieran que perforar un pozo para ver si hallan el agua para combatir las llamas.

 

En los treinta y tres años y medio que lleva la democracia recuperada, ningún partido político más que el peronismo, el movimiento sostén de los más humildes e impulsor de su progreso, tuvo tiempo de sobra para paliar, aunque fuere en parte, el drama de la pobreza. Tras el gobierno de transición de Raúl Alfonsín, jaqueado por los militares, por el poder sindical y por sus propias limitaciones, el gobierno de Carlos Menem (1989-1999) encarnó una despiadada política enraizada en el liberalismo, el peronismo critica hoy la política liberal de Mauricio Macri, que es un liberal, y ató el destino del país al entonces Consenso de Washington que recomendaba disciplina fiscal, tasas de interés positivas determinadas por el mercado, tipos de cambio competitivos, privatización de empresas públicas, desregulación y apertura a la inversión extranjera, entre otras medidas en teoría milagrosas.

 

Menem dejó de lado sus promesas de “salariazo” y “revolución productiva” y el Congreso, en sus manos, aprobó las leyes de Reforma del Estado y de Emergencia Económica que le dieron amplias y poderosas facultades.

 

Fue un fracaso estruendoso. En 1999, la brecha entre ricos y pobres fue más alta que la de 1989, cuando la hiperinflación sacudió a la Argentina y barrió al gobierno de Alfonsín.

 

Durante el gobierno de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández (2003-2015), y pese a sus planes de ayuda social, la pobreza no cedió. Todo lo contrario. Calcular su impacto es difícil porque, en lugar de enfrentarla de lleno, el kirchnerismo falseó las cifras del INDEC, las acomodó a su antojo y llegó a afirmar que el nivel de vida del país era superior al de Alemania.

 

El anciano general Perón decía que los frontispicios griegos decían “La única verdad es la realidad”. Las cifras de pobres en el país el último día del gobierno kirchnerista estaba cifrada en el treinta por ciento.

 

La de Menem fue llamada la “Década Prodigiosa”, la de los Kirchner, la “Década Ganada”. Los tres gobiernos estuvieron y están aún manchados por la sombra de la corrupción y del enriquecimiento ilícito de sus funcionarios, algunos de ellos condenados y en prisión.

 

En más de tres décadas de democracia, se han perdido tiempo y oportunidades. Ya no abundan mucho ni uno, ni otras.

Por: Alberto Amato / diario Clarín

Categoría: Nacional, Principales

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